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En términos generales, los empresarios japoneses son muy serios
y trabajan con un horizonte de largo plazo.
Son más bien conservadores, y esperan contar con un socio que los
acompañe en el logro de sus objetivos.
En el momento de la negociación son muy fuertes y se toman todo
el tiempo que sea necesario para llegar a un acuerdo.
Normalmente, efectúan un sin número de sugerencias, al producto,
envase, volúmenes, etc., que pueden hacer perder la paciencia a
sus contrapartes (se debe seguir adelante).
La opinión que tienen de sus contrapartes en Chile es positiva (salvo unas
pocas excepciones), y se basa en la experiencia con empresarios
chilenos.
Pasos para ser exitoso
1.
El primer aspecto a considerar, en todos los mercados externos, es tomar
en cuenta los gustos del consumidor final (son útiles las recomendaciones
y opiniones de los potenciales importadores, ya que ellos ya tienen experiencia
con el mercado local). Japón, a pesar de que cada día internaliza
como mercado mayores aspectos del mundo occidental, mantiene (con mayor
o menor fuerza dependiendo del mercado objetivo por edad), gustos y necesidades
con influencia de sus cultura. Es importante pensar que un producto que
tenga éxito en Chile o en el mundo occidental no necesariamente
se podrá posicionar de igual forma en Japón. Se debe prestar
atención a los cambios que están aconteciendo en el consumidor
final, teniendo en cuenta, que periódicamente se incorporan al mercado
de consumidores finales con poder de compra segmentos que tienen la influencia
creciente del mundo occidental, especialmente por la vía de las
comunicaciones.
2. El
segundo aspecto es detectar las potenciales empresas japonesas interesadas
en la importación del producto. Para esto existen diversas fuentes
que pueden entregar bases de datos, por ejemplo, ProChile
y Jetro.
3. El
tercer paso es establecer contacto efectivo con el potencial importador,
lo cual se puede hacer mediante diversas formas. La más
adecuada es un contacto "cara a cara", esto se puede concretar con una visita a Japón o la utilización
de video conferencias.
4. Hay que agregar
que en la relación con las empresas japonesas se debe tener una
estructura de estrategia de mediano y largo plazo, y es posible que trabajando
de esta manera, pueda incluso llegar a hacer negocios en un menor plazo.
| ESTRATEGIAS
DE NEGOCIACIÓN |
El sector importador es dinámico,
con personas capacitadas y con experiencia de muchos años en negociar
con empresas extranjeras, lo que, unido a su cultura de pensar en el largo
plazo, los transforma en grandes negociadores.
No necesariamente se habla inglés
en todos los sectores importadores, de modo que contar con el apoyo de
un traductor es un elemento importante y da una impresión positiva
de la empresa que desea posicionar sus productos en este mercado. Si se
utiliza un intérprete, hay que tener en cuenta que tardará
más tiempo para traducir del idioma extranjero al japonés
que del japonés al idioma extranjero. El japonés es un idioma
complejo y sutil, con frases largas y hasta cuatro niveles de cortesía,
según la relación que se quiera mantener con el interlocutor.
En cada reunión sólo
se discuten los asuntos que se han acordado en la agenda establecida con
anterioridad. No cabe la improvisación, ni la flexibilidad en los
temas a tratar.
El material escrito que se aporte (catálogos,
ofertas, propuestas, etc.) debe tener una presentación impecable
y estar traducido al japonés o, al menos, al inglés. Consideran
que una empresa que no es capaz de preparar adecuadamente una presentación,
no será tampoco un buen proveedor. Deben llevarse las copias suficientes
para entregar una de ellas a cada miembro del equipo negociador japonés.
Con ello se agilizará el proceso de toma de decisiones.
Los japoneses valoran mucho la información:
En las presentaciones se debe ser generoso en detalles, cifras, datos
técnicos, etc. Todos los datos numéricos que se ofrezcan
deben estar bien calculados ya que de lo contrario detectarán los
errores.
En la cultura japonesa el uso de los
silencios es bastante común: hay que ser pacientes y esperar a
que hablen; nunca se deben interrumpir sus argumentaciones.
El nivel de inglés no es muy
elevado para lo que podría esperarse en un país tan desarrollado.
Son pocos los que lo entienden y hablan con fluidez. Conviene ser paciente,
hablar despacio, con pausas prolongadas y evitar palabras poco usuales.
Las cifras y los términos técnicos deben ponerse por escrito.
Las relaciones personales son muy importantes:
primero se hacen amigos y luego se hacen negocios. Las reuniones sociales
(en restaurantes y bares) después del trabajo constituyen una buena
ocasión para fomentar el conocimiento de la otra persona.
El lenguaje es muy ambiguo. Un “si”
(hai) solamente quiere decir que se escucha y se comprende la propuesta,
pero no indica aceptación.
Los japoneses nunca dicen que “no”,
sino que dan a entender, mediante explicaciones, que algo no es posible.
Tanto es así, que la palabra no como la conocemos -negación
tajante de algo- no existe en su idioma.
Las preguntas deben ser abiertas y
concretas para evitar que contesten con monosílabos. Hay que darles
tiempo para hablar y respetar sus silencios. El silencio lejos de ser
negativo indica reflexión.
Si se les hace una pregunta con negación,
una respuesta positiva por su parte significa que se está de acuerdo.
Por ejemplo, si a la pregunta, “¿Ustedes no utilizan el envase
de cinco litros?”, contestan afirmativamente, significa que no lo
utilizan. Para evitar confusiones lo mejor es no realizar este tipo de
preguntas.
Las negociaciones comienzan a un nivel
ejecutivo elevado y continúan a un nivel de mandos intermedios.
Hay que tener en cuenta que la persona que lleva el peso de la negociación
no suele ser la encargada de cerrar los acuerdos. Con ellos tratan de
no establecer compromisos hasta que no tienen una visión total
de la propuesta.
El proceso de toma de decisiones está
muy jerarquizado y se realiza por consenso. Es lo que se denomina ringi.
La propuesta debe ser discutida a fondo por todos los implicados en el
proyecto, para crear un espíritu de grupo. El responsable máximo
no se pronuncia hasta que los subordinados se han puesto de acuerdo. En
cualquier caso, los directivos no asumen las consecuencias de sus decisiones;
la responsabilidad es de la empresa en su conjunto.
En la cultura japonesa, la jerarquía
está muy relacionada con la edad y la antigüedad de la empresa.
Existen dos niveles de toma de decisiones: director general (bucho) y
jefe de sección (kacho).
En la mayoría de las negociaciones
hay una persona del equipo negociador japonés que toma la iniciativa.
Suele ser un mando intermedio, que conoce muy bien el mercado y los competidores
y que profundiza en las negociaciones de precios y cifras. Una vez identificado,
es fundamental establecer buena relación con él.
En la negociación se busca un
acuerdo global, más que la aprobación de asuntos uno por
uno. Esta manera de proceder contribuye a alargar el proceso de toma de
decisiones.
Los japoneses plantean los negocios
con objetivos a largo plazo (cinco años o más), no como
la búsqueda de oportunidades o rentabilidad inmediata.
Si se produce un problema en la relación
comercial, especialmente en los primeros pedidos, deberá darse
una solución rápida, La fiabilidad de los proveedores se
mide por su capacidad para resolver problemas.
El nivel de fidelidad al proveedor
extranjero es bastante alto. Cuando se consigue establecer relaciones,
el vínculo entre las empresas se va estrechando en todo lo que
se refiere a la comercialización y promoción del producto.
Valoran mucho que los proveedores y
socios establezcan contacto con ellos regularmente para informar de nuevos
productos y, a su vez, informarse de la evolución de los negocios
que se tienen en común.
El año contable y los presupuestos
comienzan en el mes de abril. Los objetivos, nuevos precios, asignación
de gastos, entre otros items, se empiezan a aplicar en ese mes, independientemente
de cuando se hayan establecido.
Es recomendable firmar un contrato
con la contraparte japonesa, y este puede ser redactado directamente por
un abogado local. La utilización de un abogado local es una recomendación
que tiene como objetivo disminuir los riesgos de operar en un país
cuyas leyes son desconocidas para los exportadores chilenos.
Entre los japoneses es muy común
que los acuerdos se cierren con un contrato verbal. Sin embargo, en las
negociaciones internacionales prefieren contratos escritos para evitar
malos entendidos, aunque hay que destacar la importancia que tiene para
ellos el compromiso verbal, la confianza personal y la relación
entre las partes.
Los contratos se consideran más
bien como una guía que regula las relaciones futuras que como un
conjunto de obligaciones de las partes. Casi siempre tratan de incluir
una cláusula (jijo benko) que permita la completa renegociación
si las circunstancias cambian. Cuando surgen problemas se busca una solución
pactada para evitar el litigio judicial.
El tipo de contrato adquiere características
propias dependiendo del objeto de éste, en todo caso, los más
frecuentes serían los siguientes: Joint venture, distribución
de productos, manufactura de productos, utilización de marcas,
contrato de compra y ventas, acuerdos técnicos, etc.
A manera de ejemplo, consideraremos un modelo básico para un contrato
de distribución, el cual, sin ánimo de exclusión,
contiene las siguientes cláusulas:
1. Definiciones básicas.
2. Modificaciones.
3. Apoyo prestado por la casa Matriz.
4. Precios.
5. Exclusividad de manejo de productos y
sus alcances.
6. Ventas por territorios.
7. Descuentos y comisiones.
8. Sistemas de pago.
9. Sistema de entrega de los productos.
10. Garantías.
11. Uso de marcas registradas.
12. Confección de diversos informes
de ventas, contables, etc.
13. Otros aspectos relativos a la distribución.
14. Terminación del contrato.
15. Plazos del contrato.
Nota: Lo anterior es solamente un ejemplo de un modelo
básico, para mayores detalles se debe consultar a un abogado.
En cuanto a las disputas comerciales y la solución
de controversia, se puede señalar que culturalmente los japoneses
son reacios a las disputas, y prefieren discutir antes para solucionar
los problemas; esto explica que en términos comparativos al mundo
occidental el nivel de litigios en corte sean bajos.
Existe un Cité de Conciliación formado
por un juez y dos ciudadanos con experiencia en la materia, que tratan
de que las partes lleguen a un arreglo; en caso de no ser posible pueden
ir a la Corte.
Nota: Para mayores detalles técnicos y específicos sobre
esta materia se debe consultar a un abogado.
En la forma de saludo, lo mejor es esperar a que ellos tomen la iniciativa.
Con negociadores extranjeros se suele utilizar un apretón de manos.
En ocasiones formales realizan una reverencia. El grado de inclinación
muestra el estatus que se concede a la otra parte.
Los japoneses se saludan con una venia y, entre ellos, no se estrechan
la mano ni se dan un beso como saludo. Al hacer la venia, la espalda debe
permanecer recta.
Para los occidentales, lo más adecuado es responder con una suave
inclinación. Al hacer la reverencia debe mantenerse la mirada baja
y colocar las palmas de las manos al lado de las piernas. Las mujeres
deben colocar las manos cruzadas de frente.
El trato es muy formal, se llama a las personas por su apellido, precedido
de Mr. O Mrs., cuando ya se conoce a la persona se puede utilizar el sufijo
san –significa señor- después del apellido. Por ejemplo
Obuchi-san (Mr. Obuchi). Nunca se deben usar nombres propios.
Las tarjetas profesionales (meishi) son un elemento fundamental. Se intercambian
al principio de la reunión y se considera una descortesía
no ofrecerlas. Es aconsejable que estén en inglés por un
lado y japonés por el otro. Para entregarlas hay que usar las dos
manos, de tal manera que cada pulgar sostenga una esquina de la tarjeta
por el lado escrito en japonés, a objeto de que el interlocutor
pueda leer, hipotéticamente, la información cuando se incline
para hacer la reverencia. Al recibirla, lo correcto es leer detenidamente
el nombre de la empresa y la persona, asentir en señal de que la
información se ha comprendido perfectamente y, quizá, hacer
algún comentario o pregunta que denote interés. Durante
el tiempo que dure la reunión, las tarjetas deben dejarse encima
de la mesa. Si se guardan antes puede ser malinterpretado. No se debe
hacer ninguna anotación en ellas.
En la conversación debe evitarse hablar de uno mismo o expresar
opiniones personales de forma continuada. Los japoneses priman el grupo
frente al individuo. No debe hablarse de la Segunda Guerra Mundial, ni
de temas sensibles para el sector empresarial como la quiebra de entidades
financieras o el proteccionismo comercial.
Es positivo hacer preguntas sobre la cultura, el arte y las costumbres
del país. Otros temas de conversación favoritos son los
viajes, la gastronomía y los deportes –golf, sobre todo-.
En la relación comercial está muy extendida la costumbre
de cenar en restaurantes o acudir a bares de karaoke. Hay que dejar que
sean ellos los que inviten primero. Aunque estos actos sociales son más
bien para estrechar relaciones personales, también se utilizan
para hablar y profundizar en las relaciones de negocios.
Los japoneses no caminan por cualquier lado en las calles, transitan por
la derecha de ida, y por la izquierda de vuelta.
En Japón es común que si alguien está subiendo o
bajando por una escalera mecánica, se sitúe en el lado derecho.
De esa manera, las personas que van apuradas puede avanzar por el lado
izquierdo.
Si caminando por la calle, oye un timbre de bicicleta, voltee su cabeza
sin cambiar la dirección de su andar. Si se mueve, es probable
que lo atropellen.
La hora de almuerzo en Japón es entre 12:00 y 13:00 hrs. Todos
salen al mismo tiempo.
En los restaurantes se entrega un juego de palillos envueltos en papel.
Cuando se usan los mismos palillos para tomar comida desde una fuente,
deben girarse y utilizar los extremos afilados, de tal forma que la parte
de los palillos que ha estado en contacto con la boca, no toque la comida
de la bandeja. Una vez que se ha terminado de comer, los palillos deben
ponerse en un plato junto a otros palillos. No deben dejarse encima del
cuenco o del propio plato.
Una comida japonesa consiste en varios platos que han de probarse de uno
en uno, alternando sopa con arroz, que sirven de acompañamiento
durante toda la comida y, por tanto, no deben acabarse antes de servir
otros platos. En los restaurantes de mayor categoría la sopa y
el arroz se toman siempre al final. Cuando se come arroz se puede acercar
el cuenco a la boca y ayudarse de los palillos para empujar la comida.
Para pedir que se sirva más cantidad debe sujetarse el plato con
las dos manos.
En las comidas o cenas de negocios se hacen muchos brindis. Kanpai (¡seca
tu copa!) es el más usado. A cada brindis del anfitrión
hay que corresponder con otro. Debe vigilarse la cantidad que se bebe
ya que habrá numerosos brindis. En cualquier caso, no está
mal visto brindar con la copa llena de agua.
De igual forma, se debe tener en cuenta que cuando se bebe alcohol, es
costumbre servir a los otros y debe esperar a que alguien le sirva a Ud.
Es considerado mala educación servirse uno mismo.
Japón es el país por excelencia para los regalos de empresa.
Generalmente, se ofrecen en las primeras reuniones. Cuando hay una relación
continuada es casi obligatorio regalar dos veces al año: en la
segunda quincena de diciembre (Oseibo) y a la mitad de julio (Ochugen).
Para los japoneses la ceremonia del regalo –la manera en la que
está envuelto y la forma de entregarlo (Hoso) – es tan importante
con el regalo en sí mismo.
Es difícil saber si van a realizar un regalo de poco valor o costoso,
por lo que es aconsejable tener la precaución de averiguar al respecto,
quizá, a través el intermediario que hace las presentaciones-
para entregar un regalo del mismo nivel. De todas formas no hay que sorprenderse
por regalos modestos o extravagantes.
Aunque se traiga el regalo fuera del país es mejor envolverlo en
Japón para no escoger un papel poco apropiado. El papel de arroz
es el mejor. Los colores deben ser discretos, salvo rojo que indica suerte.
Generalmente, los japoneses no abren los regalos al recibirlos. Si lo
abren suelen ser bastante parcos en elogios, aunque esto no significa
que no les haya gustado.
Ser invitado a una casa japonesa tradicional supone un gran honor. Deberá
uno quitarse los zapatos en la puerta y calzar zapatillas desde la entrada
hasta el comedor, en el que se las quitará. Hay que ponérselas
otra vez para ir al cuarto de baño. A la vuelta no se debe olvidar
hacer el cambio. Durante la cena los comensales se sientan en posición
arrodillada sobre un tatami, alrededor de una mesa baja. Los hombres deben
mantener las rodillas separadas ocho o diez centímetros y las mujeres
juntas. En la sobre mesa se sientan con las piernas cruzadas.
Los japoneses son muy conservadores en la forma de vestir. Trajes oscuros,
camisas blancas, corbatas con pocos dibujos. En las reuniones de negocios
no se debe vestir ropa llamativa, ni ropa de sport, salvo que se venda
moda.
Sonarse en público está muy mal visto. Tampoco es apropiado
usar pañuelos. Debe usarse Kleenex.
La semana del 29 de abril al 5 de mayo, conocida como la “semana
de oro”, hay varios días festivos y la mayoría de
los empleados tienen vacaciones. En agosto es habitual tomar una o dos
semanas de vacaciones (Obon). La actividad empresarial baja de ritmo,
pero no se paraliza.
Para más información
de la cultura japonesa :
Cultura
japonesa
Etiqueta
y protocolo japonés
Costumbres
japonesas
Fuente: ProChile, Cómo Negociar con Éxito en 50 Países
(Ed. Global Marketing, Ed. 2006.), Biblioteca
del Congreso Nacional de Chile .
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