La Agricultura Familiar Campesina chilena no
se diferencia mucho en términos de sus características
productivas, sociales y culturales del resto de las economías
campesinas de Latinoamérica. Vale decir es un segmento
de la economía nacional y específicamente de la
silvoagropecuaria que presenta, entre otras características,
niveles disímiles o heterogéneos de inserción
en los mercados locales y prácticamente nula participación
directa, en los mercados internacionales.
El Gobierno de Chile, a través de su Ministerio
de Agricultura, en conjunto con INDAP y ProChile, delineó
una estrategia que permitirá al sector en su conjunto,
asumir de manera eficiente los desafíos y oportunidades
que presentan los acuerdos de libre comercio que nuestro país
está firmando y que cada día más, abren nuestras
fronteras y las de nuestra agricultura.
Es interesante y con el propósito de dar
a conocer el Programa de Internacionalización para la Agricultura
Campesina, presentaremos algunas cifras que caracterizan a este
segmento, para una mejor comprensión del mismo. La agricultura
familiar campesina se constituye por un total de 280.000 explotaciones
agrícolas, de estas el 37% corresponde a agricultura de
subsistencia agrupando a 102.000 usuarios y el 63% corresponde
a los empresarizables es decir, 176.000 usuarios que viven de
los negocios agrícolas. Se estima además que en
este subconjunto existe un total de 700 empresas asociativas a
los largo del país.
Entre las características estructurales
del sector es importante señalar la alta heterogeneidad
de este segmento, que presenta producciones dispersas y poco homogéneas,
diferentes grados y formas de articulación con los mercados.
De hecho es posible encontrar desde grupos asimilables al segmento
más dinámico del sector agrícola, con aspectos
de desarrollo empresarial considerable que les permite una clara
inserción en los mercados, hasta grupos con estrategias
de subsistencia familiar orientadas al autoconsumo y la comercialización
de excedentes.
En la explotación se suelen combinar distintas
fuentes de ingreso, y se trata de un sector altamente endeudado
por lo tanto con un difícil acceso al crédito para
la banca privada y un bajo nivel de capitalización, por
lo que les resulta muy complejo la gestión del riesgo del
negocio. De hecho esta misma volatilidad y el alto riesgo del
negocio asociado a la actividad les limita fuertemente el acceso
a los canales formales de financiamiento.
Así mismo, se trata de un segmento que
en general presenta, un desconocimiento en comercio exterior y
un insuficiente acceso a la información técnica
y de mercado. En este sentido, la alta brecha tecnológica
y de dotación productiva entre productores pequeños
y grandes, la alta asimetría en el acceso a la información
provocan imperfecciones de mercado que claramente limitan el acceso
del sector a canales de distribución más convenientes
y limitan la capacidad negociadora con los clientes directos.
Si bien se manifiesta este alto grado de heterogeneidad
y reconociendo estas características estructurales, existe
un importante segmento dentro de los usuarios considerados empresarizables
que como subsector mantienen relaciones y alianzas económicas
con otros agentes del mercado y sus ingresos dependen casi exclusivamente
de la venta de sus productos y/o servicios tranzados en dicho
mercado.
Actualmente este segmento desarrolla sus negocios
y estrategias comerciales de manera importante a través
de empresas asociativas que se encuentran en diferentes estados
de desarrollo y participa específicamente de rubros tales
como los Berries (frambuesa y frutilla fresca y congelada), Miel,
Papas, Paltos, Cítricos, Vinos, Quesos de Leche de Vaca
y Cabra, Flores de Corte y Tubérculos, Leguminosas de Grano
y Cereales , Frutas y Hortalizas varias, Productos Delicatessen,
entre otros. Además, es importante señalar que actualmente
una considerable cantidad de estas empresas y sus agricultores
socios son proveedores de materia prima fresca y/o congelada de
las empresas agroindustriales.
Frente a esta realidad y al enfrentarse a los
procesos de globalización comercial surge como una indiscutible
condición la necesidad de asociarse o fortalecer el asocio
como una herramienta de desarrollo empresarial en la lógica
de insertarse en estos nuevos mercados. De esto se desprende la
importancia que reviste, a nivel de productor, el modelo asociativo
(integración horizontal) e integración vertical
(productor – procesador – exportador), a la vez de
avanzar en la conformación de alianzas estratégicas
más sustentables entre el sector exportador y el sector
productivo campesino, temas todos, que considera y desarrolla
el Programa de Internacionalización para la Agricultura
Campesina, que a continuación se presenta.